martes, 2 de agosto de 2016

Listo Medellín. Primeras horas en la ciudad roja

Esta vez llegué por tierra, y por primera vez en horas de la tarde (tarde de domingo). Desde la ventana del autobús pude ver un tradicional desfile de Chivas, autobuses coloridos muy distintivos de la cultura antioqueña. Por todos lados se respiraba fiesta. Mi llegada coincidió con la celebración de la Feria de las Flores, el más emblemático y diverso evento cultural que allí vive, donde impera el júbilo por el florecimiento y las costumbres de la casta y la raza regional y, en general, la vida entera de la región; todo ello enmarcado en los olores y exaltación de la siempreviva, el clavel, el girasol o la orquidea

Esta celebración también es pretexto perfecto para diseminar escenarios por todos lados, donde se escucha la más amplia oferta musical. En días de Feria, se reciben propuestas que incluyen bandas juveniles, como la que amenizaba en la terminal de autobuses a mi llegada. Se trataba de un formato del sistema de Red de Escuela de Música de Medellín, donde el repertorio se balanceaba entre pasodobles, porros, cumbias y salsa. 

Al otro lado de la calle, en compañía de mis hermanos Gabriel Jaime Ruiz y Héctor Vanegas, llegué a la Plaza Gardel, hecha en el espacio donde se estrelló el avión de la leyenda del tango. Allí se desarrollaba La Noche Negra, donde la expresiones sonoras de la afro descendencia se imponía, donde la magia de las bandas del departamento del Chocó invadían, entre toques y cantos, a los cientos de personas que se confundían en un solo baile.

Que grandiosa bienvenida. La Feria de las Flores me dio un abrazo. A la hora de escribir estas líneas, continúa su curso y eso me entusiasma, al saber que tendré oportunidad de disfrutar de legendarias bandas de diferentes géneros. En ella ya he disfrutado de eventos académicos, como el programa que ofrece el XX Encuentro Internacional Matancero, el cual merece tinta aparte.

Todo ha sido interesante e impresionante; pero lo más hermoso, lo que siempre he hecho desde que vengo visitándo a Medellín, es posarme en una ventana a las 5:00 AM y no despegarme hasta que amanezca; mirar los techos y edificios, rojos por el barro, expresivos como el orgullo paisa…llenos de historia y esplendor. No ses casual que siempre busco un hotel en El Centro, y que prefiero una habitación en en un piso alto. Ese es el más impresionante espectáculo brindado por esta ciudad. 

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