martes, 26 de julio de 2016

Joe Arroyo no ha muerto. Vive en Barranquilla

 “Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella”-Montesquieu.

Se da por entendido que mi primera gran sorpresa al llegar a Barranquilla se advirtió tras ver (sentir) el gran parecido de esta ciudad con Santo Domingo. De la segunda les cuento que la mañana del domingo, 24 de julio, el profesor Rafael Bassi Labarrera y yo decidimos tomar carretera hacia Cartagena. Mientras nos desplazamos por la Av. Olaya Herrera, o Carrera 46, mi vista se enfrenta a una lectura que dice “Estación de Retorno Joe Arroyo”.


Se trata de una parada del Transmetro de Barranquilla, sistema de transporte en autobús que a primera vista sugiere ser novedoso y eficiente. Allí, cientos de personas leen a diario ese que para ellos es un nombre especial, acuñado a un hombre que mientras estuvo físicamente presente, les dio alegría a través del baile y de contar con canto su cotidianidad, maneras de actuar y otros rasgos.

Sin aún reponerme de la referida sorpresa, giro mi cabeza hacia la derecha y atrás veo como se alejaba una estatua ubicada en una plaza denominada El parque de los músicos. Aquella escultura me decía buen viaje, por aquí te espero para que me tomes una foto para las redes sociales. Entonces sonreí y dije, “así es que se mantienen vivo a los artistas”. En efecto, ambos reconocimientos son el mejor entendimiento entre la alcaldía y los Barranquilleros, quienes aman a este que tanta alegría les dio y sigue dando a través de las grabaciones.

Dije “sigue dando”. El presente en la obra de El Joe no solo se hace latente por la amplificación regular de sus canciones a través de registros fonográficos. Lo comprobé cuando al retornar de Cartagena, pasamos por La Troja, un emblemático espacio donde se escucha salsa. Allí, entre el predominio del amarillo de la camiseta de la selección nacional de futbol, transitaba su espíritu, vivo entre la gente que bailaba al compás de una banda recién creada, cuyo nombre es La Joe AllStars. La misma es dirigida por el talentoso y conocido pianista Chelito de Castro, quien tomó alta resonancia a partir del histórico solo en el tema En Barranquilla me quedo, junto a Joe Arroyo y La Verdad. Además, la banda está compuesta por algunos de los músicos que acompañaron a El Joe y que lo siguen acompañando en este trayecto donde mantienen vigente su repertorio.

Quiero finalizar diciendo que hoy, 26 de julio, tras cumplirse cinco años del funeral del cuerpo de Joe Arroyo, hablar de muerte es un absurdo. La gran figura de la música tropical colombiana sigue viva. Cumplió la promesa, pues en Barranquilla se quedó, se le fugó a la candela y hoy se protege entre los corazones de esta ciudad que lo ama. Y no se trata de que en este mes se haya estado desarrollando un programa dedicado a honrar su legado. Lo afirmo de esa manera tras advertir sonrisas erguidas y orgánicas que responden al escuchar que se está habalndo de él.     

2 comentarios:

  1. Que buen apartado periodístico para referirse a una de las ciudades de nuestro país.Por el detalle descriptivo se vislumbra en su recorrido un disfrute espacial en su visita a la ciudad y quedo gratamente sorprendida por que esta es una muy bonita forma de agradecimiento a todos los lugares que recorrerá en SU DIARIO DE VIAJERO.

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  2. Felicidades hermano Alexis por este relato; de ti no puedo esperar nada mas elocuente y cargado de sentimiento y emotividad cuando se trata de describir la forma en que se conjuga cada pueblo con su música y su forma de vida. buen articulo.

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